viernes, 25 de noviembre de 2011
jueves, 24 de noviembre de 2011
La filosofía como arte de vivir
La filosofía como arte de vivir
"De qué me sirve la geometría para dividir el campo
si no sé compartirlo con mi hermano."
(Séneca)
Hace
más de dos mil años Epicuro afirmó que los argumentos de la filosofía son vacuos
si no mitigan ningún sufrimiento humano. La filosofía no siempre consistió en el
postulado de teorías abstractas ni en la exégesis de textos, sino en el cultivo
de un arte de vivir asociado a los problemas más inmediatos de la vida
cotidiana. Sócrates y sus discípulos se sorprendían de que las personas miren
una y otra vez los objetos materiales que compran, mientras examinan tan poco
sus vidas.
En
contraste con esta perspectiva y por efecto del paradigma científico, en los
últimos siglos la filosofía devino una disciplina exclusivamente académica,
hiperespecializada y tributaria de un culto fetichista a la personalidad.
Mientras cualquier esoterismo teórico goza de antemano de los atributos de
seriedad y relevancia científica, lo que atañe a la vida cotidiana despierta
rápidamente la sospecha de banalidad. En el mundo moderno el filósofo por lo
general ha cultivado un lenguaje abstruso y oscuro que desvinculó a la filosofía
de la sociedad y ganó el favor de quienes adoran venerar lo que no comprenden.
El filósofo huye de la vulgaridad pero escribe en un jeringozo inextricable.
Todo lo que no encaje en esa matriz de espinas corresponderá a "simplificaciones
abusivas" propias de fast-thinkers. El resultado de esto es que buena
parte de las personas creen que la filosofía es demasiado abstracta e inútil
para no languidecer, carente de vida.
En
los últimos años ha comenzado a tomar cuerpo en distintas partes del mundo una
corriente vinculada con la filosofía práctica que busca devolver el conocimiento
filosófico al espacio público, estableciendo un canal que le permita salir de la
cerrazón en que lo mantiene la academia para contribuir de diversas maneras al
bienestar social y personal.
Cuando
está a punto de cumplir cuarenta años, una mujer se pregunta si desea o no ser
madre. Un estudiante es reprobado en un examen y duda si continuar o no con la
carrera que ha elegido. Una mujer enfrenta la posibilidad de tener cáncer de
mama. Un hombre tiene que decidir si contraría la voluntad de su madre y la
interna en un geriátrico. Una mujer se pregunta si tiene sentido continuar con
dos relaciones amorosas que no la satisfacen por completo. Un hombre enfrenta el
suicidio de su hermana adolescente. Una mujer lucha contra sus ataques de ira.
Un médico de emergencias enfrenta la posibilidad de cambiar radicalmente su
forma de vida.
Todas
estas personas han acudido a la Consultoría Filosófica. Pocos años atrás
hubieran acudido a un psicólogo para abordar sus problemas desde una perspectiva
que tuviera en cuenta exclusivamente su psicología individual y la de su círculo
de relaciones inmediatas. Hoy cuentan con la posibilidad de acudir a la
Consultoría Filosófica para reflexionar desde otra perspectiva que no se limita
a las explicaciones individuales sino que toma muy en cuenta el contexto social
en que surgen nuestras formas de pensamiento, nuestros hábitos y nuestras
conductas. Si bien para filosofar no es necesario recurrir a ningún profesional,
la Consultoría Filosófica puede ser una valiosa herramienta para la vida si se
sabe aprovechar la enorme riqueza heredada en dos mil quinientos años de
discurso filosófico.
La
Filosofía Práctica entiende a la ética como un arte de vivir comprometido con
las cuestiones de justicia. No es un recetario prescriptivo ni está compuesto
por una lista de prohibiciones conservadoras y fascistas, deudoras de dogmas
religiosos. No pretende sustraer uno de los valores sustantivos de la ética, que
es la creatividad de establecer qué resulta más conveniente hacer en cada caso.
Prefiere las preguntas a las respuestas tajantes e inapelables. Por ello en mi
libro sobre Consultoría Filosófica opté por el plural de Artes del buen
vivir. No hay un único arte de vivir bien sino una pluralidad de formas de
vida que pueden convivir en paz.
¿Qué es la Consultoría Filosófica?
La
Consultoría Filosófica se nutre de una tradición que abreva en los orígenes de
la filosofía, desde Sócrates y Platón en la antigua Grecia a Lao-Tzé y Confucio
en la antigua China, y pretende recuperar a la filosofía como una herramienta de
gran valor para la vida cotidiana de las personas.
El
asesor filosófico es un profesional entrenado para acompañar al consultante en
la reflexión sobre diversos tópicos que pueden abarcar desde problemas
personales hasta inquietudes vinculadas con el devenir social y cultural.
El
asesor filosófico facilita la reflexión filosófica conjunta entre dos personas o
en comunidades de investigación filosófica grupales (la consultoría en grupo o
el Café Filosófico). Puede provenir de diversas corrientes filosóficas, y no
ofrece una terapia alternativa sino una alternativa a la terapia. No dialoga en
tanto profesor de filosofía, aunque pueda valerse del conocimiento filosófico,
ni como un tutor de consciencia que prescribe recetas amparadas en la autoridad
de algún filósofo célebre. La base para el diálogo es la empatía y la igualdad;
el consultante no es enjuiciado sino acompañado en un marco de libertad para el
diálogo.
La
Consultoría Filosófica tiene como principio la idea de Kierkegaard de que toda
ayuda verdadera comienza con un acto de humildad, con la convicción de que si
bien se puede manejar cierto conocimiento, es dudoso que se tenga respuesta a
todas las grandes cuestiones. El asesor busca acompañar y ayudar al consultante,
no ser admirado por él en virtud de la supuesta "superioridad" de su
conocimiento.
Su historia
Fue el alemán Gerd Achenbach quien en 1982 retomó el
antiguo ideal socrático de aplicar la filosofía a la vida, al margen de la torre
de marfil de los circuitos académicos. Ese año Achenbach fundó la
Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica y la Sociedad de
Consejerías Filosóficas (GPP), a partir de la cual el movimiento de Consejerías
o Consultorías Filosóficas comenzó a ser difundido a nivel mundial. Entre 1984 y
1985 publicó sus primeros libros sobre el tema, y en poco tiempo la Consultoría
Filosófica se expandió por el conjunto del continente europeo. En este momento,
además de la Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica, existen
diversas asociaciones de Consultoría Filosófica: la Sociedad Internacional de
Filosofía Práctica (International Society for Philosophical Practice -IGPP-), la
NPP (Noruega), la ASPP y la CSPP (Canadienses), la ISPPI (Israel), la American
Philosophical Practitioners Association y otras asociaciones análogas en Israel
(Center Sophon), Italia, Finlandia, Suecia, Austria, Dinamarca, Francia,
Luxemburgo, Bélgica, Turquía, Australia, Estados Unidos, Japón, entre otros
países. En América Latina esta nueva esfera de la filosofía recién está
comenzando a desarrollarse. En el Perú se inició el Proyecto de Filosofía
Aplicada Buho Rojo, y en la Argentina si bien se investiga en el área de
filosofía con niños, apenas unos pocos consejeros filosóficos se dedican al
asesoramiento individual y grupal, razón por la cual a través de esta iniciativa
me propongo presentar la Consultoría Filosófica en la Argentina y animar a la
comunidad filosófica a participar en el ejercicio y en la investigación de esta
rama de creciente desarrollo en el quehacer filosófico mundial.
Los
consultores filosóficos -particularmente los del National Register of Consultant
Philosophers (NRCP), con sede en el Reino Unido-, son licenciados y doctores en
Filosofía, y tienen un entrenamiento posterior en estudios de formación de
posgrado.
Diversas
asociaciones de Consultoría Filosófica de todo el mundo ofrecen cursos de
entrenamiento a los asesores filosóficos (philosopher practitioners). En
países como Estados Unidos se están realizando campañas para el reconocimiento
oficial de esta práctica profesional, de modo que las obras sociales y los
mismos psicoterapeutas oficien como derivadores de los consultantes.
Diferencias con la psicoterapia
"De un modo general, la literatura del siglo XX es
esencialmente psicológica. Describe los estados
del alma sin ninguna discriminación de valor,
como si el bien y el mal fueran externos a ella,
como si el esfuerzo en pos del bien pudiera estar
ausente en el pensamiento de cualquier hombre."
(Simone Weil)
Uno
de los temores principales que suscita la Consultoría Filosófica es el que
proviene de quienes encuentran que su práctica se confunde con la terapia
psicológica. Contra esta objeción es necesario aclarar que la Consultoría
Filosófica no es una práctica clínica. No trabaja con modelos médicos y difiere
radicalmente de aquellas prácticas clínicas que se valen de categorías como
"síntoma", "trastorno" o "enfermedad".
Los
problemas no son vistos como "enfermedades", y mucho menos como "enfermedades"
que deben ser "curadas". La Consultoría Filosófica abreva en el movimiento
antipsiquiátrico y considera que, desde mediados del siglo XIX, la categoría de
"enfermedad mental" fue utilizada frecuentemente con fines normalizadores para
excluir y segregar aquello que no respondiera al paradigma ético y político de
las clases dominantes.
Considero
que la aparición de la Consultoría Filosófica es una expresión más de la
desconfianza que ha despertado el discurso médico "normalizador", y manifiesta
el fin de su monopolio. Disiento profundamente con las concepciones que reducen
el sufrimiento humano a la noción de "enfermedad". El científico decimonónico
quiso diferenciarse del oscurantismo religioso sustituyendo la noción de pecado
por la de "enfermedad mental". Sin embargo, a menudo este médico ilustrado
encarnó él mismo el ministerio sacerdotal que criticaba. La búsqueda de
diagnósticos mentales sustituyó el juicio de valor religioso-moral por un juicio
de valor medicalizado. Términos surgidos en contextos psiquiátricos fueron
popularizándose y despojándose de su vestimenta cientificista: tal el caso de
"idiota", "imbécil", "histérica", "neurótico" y "psicópata".
La
Consultoría Filosófica tiene un importante papel para jugar frente a la pobreza
teórica de gran cantidad de psicoanalistas, que entienden que el complejo
entramado del sufrimiento humano se agota en Freud y Lacan, así como en el
medioevo se creyó que la "verdad revelada" se agotaba en dios, Platón y
Aristóteles.
Otro
rasgo distintivo de la Consultoría Filosófica es que no procede como algunas
corrientes de la psicología, que simplemente constatan cómo es que surgen los
problemas psicológicos, y buscan resolverlos sin preocuparse por desarrollar una
perspectiva crítica sobre la sociedad, teniendo como único objetivo la
adaptación del paciente al statu quo.
Existen
indudablemente algunas terapias psicológicas que dialogan con la filosofía.
Muchos de estos cruces interdisciplinarios son sumamente valiosos, ya que el
encasillamiento en un área de estudio específica limita los alcances de toda
investigación.
La
Consultoría Filosófica se diferencia de algunas corrientes de la psicología, y
en particular del psicoanálisis, en que no habla desde una presunta
"neutralidad" relativa a los valores éticos. La "neutralidad" es el "ojo de
dios" que precisó la ciencia para legitimar su verosimilitud y una idea de
profesionalidad asociada a la imparcialidad. El asesor filosófico es consciente
de que siempre se parte de cierto sistema filosófico de comprensión del mundo, y
que por tanto existirán múltiples formas válidas de vivir bien. El asesor se
aproxima al consultante desde ese lugar, y no pretende ocultar sus propios
puntos de vista, necesariamente subjetivos.
Otra
diferencia con algunas corrientes de la psicología -especialmente con el
psicoanálisis- es que la Consultoría Filosófica no se centra en la
instrospección sino en un diálogo permanente entre diversas cosmovisiones
filosóficas. Además del individuo, en el que focaliza su atención la psicología,
a través de la mediación de la filosofía aparece el mundo, la esfera social,
cultural e histórica, en diálogo permanente con las situaciones concretas acerca
de las cuales se reflexiona.
Otra
diferencia de la Consultoría Filosófica respecto a diversas corrientes
psicoterapéuticas, particularmente el psicoanálisis, es que, si lo considera
oportuno, el asesor puede llegar a revelar información sobre su propia
intimidad.
Una
de las críticas más frecuentes que ha recibido la Consultoría Filosófica es que
los asesores filosóficos tendrían la "ingenua idea" de que un discurso meramente
intelectual abocado a examinar conceptos puede ser efectivo para el abordaje de
trastornos emocionales, ignorando por completo "los deseos inconscientes". El
psicoanálisis ha sido descripto como una "psicología profunda" que busca
sumergirse en la introspección (lo que el sujeto accede acerca de su acontecer
psíquico) para hallar los deseos inconscientes que lo determinan, entendiendo
que tales deseos remiten a la historia individual y fundamentalmente a los
primeros años de vida. Otras corrientes terapéuticas han mantenido esta
concepción de búsqueda introspectiva de determinaciones individuales
ocultas.
Por
oposición a esta idea, la Consultoría Filosófica no sostiene que los entimientos
y las emociones sean sólo eventos irracionales que una persona está obligada a
sufrir pasivamente. John Locke caracterizó a las emociones, a las que llamó
pasiones, como ideas que provienen tanto de nuestras sensaciones como de
nuestras reflexiones. Toda una tradición filosófica, desde Platón, Aristóteles y
Séneca en adelante, sostiene que las emociones no irrumpen simplemente de la
oscura irracionalidad sino que están vinculadas con ciertas formas de
pensamiento y de acción.
Una
emoción negativa puede ser modificada a partir de un examen crítico de uno mismo
del que surja una forma diversa de aprehender el mundo. Los sentimientos no son
sólo un destino que puede padecerse. Tal como postularon los estoicos, las
pasiones también son juicios, es decir, que a menudo sufrimos por algo en virtud
del juicio de valor implícito que presupone tal sentimiento.
También
las emociones constituyen formas de estar en el mundo: quien se deprime o se
irrita actúa de tal forma que comienza a ser tratado y definido por otros como
"depresivo" o "irascible", y de este modo condiciona algunas de sus experiencias
futuras.
Aunque
es posible obtener cambios de perspectiva sustantivos mediante la reflexión
filosófica, esto no equivale a declarar la omnipotencia de la razón, que a veces
parece anémica frente al poder de los hábitos y las pasiones, y omnipotente a la
hora fundamentar las peores barbaries del proyecto racional moderno. Nuestras
ideas condicionan nuestros sentimientos, así como nuestros sentimientos también
suelen configurar nuestras ideas. En ocasiones el campo de la palabra parece
insuficiente, y es preciso recurrir a nuevas experiencias o modificar
activamente el entorno, pero incluso en tales casos la reflexión es necesaria
para guiar las acciones a buen término. Por ejemplo, una persona siente un temor
y reconoce que es irracional (sabe que lo que teme en realidad no es peligroso).
La reflexión y las palabras no son suficientes para cambiar su temor: será
necesario que experimente que es capaz de tolerar la presencia temida, y que se
habitúe en forma gradual hasta lograr hacerlo sin sentir angustia.
La
Consultoría Filosófica se distancia del psicoanálisis por cuanto no se basa en
la instrospección, no ancla en la infancia ni agota en la vida del individuo y
de su entorno inmediato la explicación de sus problemas, de sus conflictos de
valores y de los dilemas éticos en los que pueda verse sumido. Considera, tal
como plantearon Hegel y otros tantos, que primero somos sujetos sociales y tan
sólo luego sujetos individuales. Primero somos atravesados por discursos
sociales, mediante el gran vehículo social del lenguaje, y luego somos
constituidos por discursos familiares y de nuestro entorno inmediato. Lo que nos
ocurre no obedece sólo a razones que anclan en nuestra historia individual sino
también a razones que deben ser enmarcadas en un contexto histórico, social y
cultural más amplio.
Postulo
que una de las consecuencias políticas de que el psicoanálisis encuentre en la
infancia el fundamento de casi todos los problemas humanos, es que se libera a
la esfera social de toda perspectiva crítica. Si la "culpa" de todo la tienen
los padres, ¿para qué desarrollar una mirada crítica sobre la sociedad? Esta ha
sido una de las tantas causas por las que el psicoanálisis a menudo ha sido muy
conservador en lo político.
Por
último, considero que la Consultoría Filosófica puede ser un recurso de gran
utilidad para los psicoterapeutas abiertos al enriquecimiento
interdisciplinario.
Metodología
La
Consultoría Filosófica trabaja con una metodología básica, lo que no significa
que sea la única posible ni que se la deba seguir paso por paso.
1-
Examen de los argumentos del consultante y de sus justificaciones:
Una
vez que el consultante discurre libremente sobre una serie de tópicos, el asesor
sistematiza, ordena y jerarquiza las concepciones y los conceptos involucrados
en el relato, sin dejar de atender a las emociones que puedan suscitar. En esta
instancia se valora si el caso es apropiado para la Consultoría Filosófica o si
se lo derivará a un psicoterapeuta. Por lo general los consejeros filosóficos no
atienden los
problemas considerados más severos por las distintas corrientes de
la psicoterapia.
2-
Clarificación y análisis de términos y conceptos:
El
consejero o asistente filosófico analiza los términos empleados o comprometidos
en el planteamiento de la reflexión, abocándose en particular a los conflictos
de valores y a los dilemas éticos, razón por la cual es de fundamental
importancia clarificar los conceptos que pueden estar comprometidos en la
situación planteada (culpa, responsabilidad, envidia, suicidio, justicia,
traición, buena fe, vanidad, orgullo, valentía, lealtad).
3-
Exposición de presupuestos implícitos e implicaciones lógicas:
El
asesor filosófico apunta a develar los presupuestos que signan el discurso del
consultante, para ayudarlo a ampliar su perspectiva sobre aquello acerca de lo
cual se propone reflexionar. Estos presupuestos no se agotan en la lógica formal
sino que se inscriben en el horizonte de una lógica conceptual dialéctica que
afecta diversos niveles de la vida: el ético, el volitivo, el físico, el social
y el cultural.
4-
Exposición de contradicciones e incoherencias: En esta etapa se ponen en
evidencia las eventuales contradicciones e incoherencias entre lo implícito y lo
explícito. El consejero filosófico trabaja con la lógica interna del pensamiento
del individuo, es decir, destaca -si las hubiere-contradicciones lógicas en el
discurso (teoría) de una persona, o entre el discurso y la acción (teoría y
praxis), y las somete a discusión.
5-
Rastreo de teorías filosóficas:
a)
Influencia de teorías previas: Por teorías previas hay que comprender la serie
de concepciones y filosofías con las cuales el sujeto enfrenta al mundo. En
rigor se trata de un conjunto de categorías y conceptos que actúan explícita o
implícitamente. Se ponen en evidencia las concepciones filosóficas que subyacen
en el discurso del consultante, de modo de no trabajar exclusivamente con su
historia emocional sino con su historia conceptual, con la forma en que entiende
el universo de los valores en relación a su propia vida y a su visión del mundo,
procurando sacar a luz las ideas y valores comprometidos en cada situación.
b)
Teorías alternativas que pueden ampliar el horizonte de reflexión:
En
esta etapa se brindan herramientas filosóficas que pueden ampliar la reflexión
en torno al tema abordado, entendiendo al ser humano no sólo como resultado de
una historia individual sino como resultado de relaciones sociales, ideales
culturales y paradigmas conceptuales que se modelan conforme a ciertas
filosofías.
A
menudo Sócrates es invocado como uno de los precursores de la Consultoría
Filosófica. El diálogo socrático generalmente es entendido como un método
mediante el cual una persona entrenada formula preguntas con el fin de ayudar al
que contesta a reconocer sus creencias en torno a determinado tema.
La
Consultoría Filosófica suele valerse de esta técnica conocida como la mayéutica,
que permite al consultante "dar a luz" nuevos pensamientos facilitados por las
preguntas del asesor, aunque se distancia de Sócrates por cuanto acá el asesor
no es necesariamente el portador de una "verdad" -y mucho menos de una "verdad
universal"-, es decir, no consensuará necesariamente su propio punto de vista. A
mi modo de ver el consenso no debe ser el objetivo de todo diálogo. Considero
una riqueza -y un buen antídoto contra el dogmatismo- la posibilidad de mantener
diferencias de criterio y enriquecerse con la perspectiva del interlocutor.
El
asesor no figurará hablar desde el lugar "neutral" promovido por el discurso
cientificista moderno -y en particular por el psicoanálisis-, ya que descree de
la existencia de ese "ojo de dios" y afirma que siempre estamos ubicados en
cierta perspectiva respecto al universo de los valores, es decir, que siempre,
explícita o implícitamente, tomamos partido por lo que consideramos "bueno" o
"malo" en términos éticos y políticos. El consejero no entiende a la filosofía
como un tribunal universal de la razón sino como el ejercicio del pensamiento
crítico desde cierta perspectiva cultural, social, individual e histórica.
Aunque
en mi caso me valgo del legado de gran cantidad de filósofos, no me intereso
tanto por los autores en sí mismos como por el funcionamiento de los enunciados:
poco importa quién lo dijo ni cuándo, sino el modo en que operan los discursos
en el universo de nuestros valores.
Las
consultas suelen tener una periodicidad semanal, pueden extenderse a lo largo de
unos pocos encuentros o hasta un par de años. A la Consultoría Filosófica no se
recurre exclusivamente a buscar respuestas vinculadas con determinados
problemas, sino también a discutir ideas y perspectivas sobre la propia vida y
el mundo. El asesor ofrece la posibilidad de abrir nuevas y efectivas formas de
que en el futuro el consultante enfrente por sí mismo ambas tareas. No obstante,
cuando el origen de la consulta es la necesidad de resolver problemas, los que
aparecen con mayor frecuencia son los relacionados con la soledad, las
sobreexigencias provocadas por presiones y expectativas internas o externas, las
crisis de pareja, los problemas laborales, la dificultad de encontrar una
pareja, la necesidad de enfrentar una enfermedad que pone en juego la vida, la
muerte de un ser querido.
La
llamada biblioterapia es otro de los recursos utilizados por la
Consultoría Filosófica. De acuerdo al tema en cuestión, y si el consultante
tiene interés, se recomiendan libros, artículos, fragmentos y films sobre
algunos de los tópicos abordados. Este complemento puede ser de suma utilidad
para ampliar la reflexión acerca de algún tema, si bien numerosos consultantes
prefieren focalizar los intercambios en la conversación, y no complementarlos
con lecturas.
Para
asistir a las reuniones individuales o grupales no es necesario haber tenido
ninguna experiencia con la filosofía académica ni con bibliografía filosófica.
La Consultoría Filosófica trabaja con la capacidad filosófica que posee todo ser
humano por su mera condición de tal.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Amigos y "amigos"...
Es curioso las vueltas que da la vida con el tema de los amigos y los "amigos".
Sí..., a medida que uno se va haciendo mayor y le van sucediendo cosas, se va dando cuenta que no es oro todo lo que reluce con el tema de las amistades.
El otro día se lo comentaba a un buen amigo que he hecho ya de mayor.
Le decía, fíjate que me estoy dando cuenta de algunos de los que yo pensaba que eran amigos, resulta que son "amigos". Han cambiado con el tiempo...y yo me sigo manteniendo en mi esencia, mis valores hacia ellos siempre han sido los mismos, y estos son, respetar su modo de vida, aceptar sus decisiones, y apoyarlos en cualquier reto que se quieran plantear en la vida...nunca se me ocurriría imponer mis ideales a un amigo. Incluso si ellos creen que deben hacer algo que yo no haría, no se me ocurriría decirles que están equivocados...lo que yo no pueda o no me atreva a hacer, no quiere decir que a ellos les vaya a salir mal...si yo hiciera esto, rompería el contrato de amistad...
Él, gran sabio, me comentó, "No Julián, ellos no han cambiado, es que siempre fueron así..."
Es una lástima, pero me da la impresión, que ha veces los seres humanos le damos más valor a cosas triviales, materiales, situaciones que nos desconciertan, pequeños actos o tonterías, que a una buena amistad...
Y yo me pregunto, ¿por qué a una persona con la que compartes cosas sin pedir nada a cambio le repatea tanto que tú te arriesgues en una aventura que no sabes cómo va a acabar?...¿por qué si nos cambiaramos de lugar, yo le apoyaría sin recelos?, ¿existe la envidia entre los amigos?, o ¿es que realmente no son amigos los que sienten envidia?
Supongo que este tipo de "amigos" que quieren imponer su modo de vida al resto, o simplemente que no aceptan a un amigo, tal y cómo es, son personas que se hacen mayores y mueren llenas de arrepentimientos...aunque también pienso, que cuando uno se hace mayor, siempre tiene algo de qué arrepentirse...

Los amigos se cuentan con los dedos de una mano, pero con esto no quiero decir que tengan que ser cinco...la mayoría de las veces, sobran dedos en una mano...cuando se les cae la máscara de los buenos y los malos momentos que han pasado contigo...sigues restando dedos.
Aún me quedan años de vida, y sé que me llevaré más chascos, pero yo continuaré con mi código de respeto y comprensión hacia mis amigos.
Respecto a los "amigos", pues continuaremos cerca de ellos también...
Sí..., a medida que uno se va haciendo mayor y le van sucediendo cosas, se va dando cuenta que no es oro todo lo que reluce con el tema de las amistades.
El otro día se lo comentaba a un buen amigo que he hecho ya de mayor.
Le decía, fíjate que me estoy dando cuenta de algunos de los que yo pensaba que eran amigos, resulta que son "amigos". Han cambiado con el tiempo...y yo me sigo manteniendo en mi esencia, mis valores hacia ellos siempre han sido los mismos, y estos son, respetar su modo de vida, aceptar sus decisiones, y apoyarlos en cualquier reto que se quieran plantear en la vida...nunca se me ocurriría imponer mis ideales a un amigo. Incluso si ellos creen que deben hacer algo que yo no haría, no se me ocurriría decirles que están equivocados...lo que yo no pueda o no me atreva a hacer, no quiere decir que a ellos les vaya a salir mal...si yo hiciera esto, rompería el contrato de amistad...
Él, gran sabio, me comentó, "No Julián, ellos no han cambiado, es que siempre fueron así..."
Es una lástima, pero me da la impresión, que ha veces los seres humanos le damos más valor a cosas triviales, materiales, situaciones que nos desconciertan, pequeños actos o tonterías, que a una buena amistad...
Y yo me pregunto, ¿por qué a una persona con la que compartes cosas sin pedir nada a cambio le repatea tanto que tú te arriesgues en una aventura que no sabes cómo va a acabar?...¿por qué si nos cambiaramos de lugar, yo le apoyaría sin recelos?, ¿existe la envidia entre los amigos?, o ¿es que realmente no son amigos los que sienten envidia?
Supongo que este tipo de "amigos" que quieren imponer su modo de vida al resto, o simplemente que no aceptan a un amigo, tal y cómo es, son personas que se hacen mayores y mueren llenas de arrepentimientos...aunque también pienso, que cuando uno se hace mayor, siempre tiene algo de qué arrepentirse...

Los amigos se cuentan con los dedos de una mano, pero con esto no quiero decir que tengan que ser cinco...la mayoría de las veces, sobran dedos en una mano...cuando se les cae la máscara de los buenos y los malos momentos que han pasado contigo...sigues restando dedos.
Aún me quedan años de vida, y sé que me llevaré más chascos, pero yo continuaré con mi código de respeto y comprensión hacia mis amigos.
Respecto a los "amigos", pues continuaremos cerca de ellos también...
jueves, 17 de noviembre de 2011
6.000 millones de euros tirados para nada...
¿Por qué no sale esta información en los noticiarios en televisión, radio, periódicos, etc..?, ¿por qué no se refleja en ningún programa electoral?
Pues muy fácil, porque el senado, es la gallina de los huevos de oro de los políticos. En este video, te lo dice claramente uno de los senadores, Xosé Manuel. Supongo que hasta ellos tienen vergüenza, y a este senador le ha dado la vena de la sinceridad y no ha podido resistirse más en decirlo, supongo que si no, la úlcera le reventaría de aguantarse.
El quick de la cuestión, no es que millones de euros caígan en los mismos bolsillos siempre, si no, cómo solucionar esta gangrena o este cáncer que tenemos en este país.
¿Salimos a la calle a romperlo todo?, ¿seguimos aguantando y nos hacemos los ciegos?, ¿dónde está la respuesta?, ¿quién la tiene?, ¿dónde está el límite?...
Pues muy fácil, porque el senado, es la gallina de los huevos de oro de los políticos. En este video, te lo dice claramente uno de los senadores, Xosé Manuel. Supongo que hasta ellos tienen vergüenza, y a este senador le ha dado la vena de la sinceridad y no ha podido resistirse más en decirlo, supongo que si no, la úlcera le reventaría de aguantarse.
El quick de la cuestión, no es que millones de euros caígan en los mismos bolsillos siempre, si no, cómo solucionar esta gangrena o este cáncer que tenemos en este país.
¿Salimos a la calle a romperlo todo?, ¿seguimos aguantando y nos hacemos los ciegos?, ¿dónde está la respuesta?, ¿quién la tiene?, ¿dónde está el límite?...
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Soy feliz, pero tengo hambre
Esta es la história de Joan Llopart, un hombre que dormía en la calle, en concreto, debajo de una carretera en Barcelona.
Tenía unos sesenta años y su apariencia era la de un vagabundo. Tenía el pelo canoso y desgreñado y se le juntaba con una barba en las mismas condiciones. Sus dientes estaban descuidados por la falta del aseo y de un lugar para conseguir hacer esta tarea.
Su ropa estaba llena de agujeros y manchas al igual que su calzado. Por debajo de la chaqueta, se podía observar una camiseta que en su día parece ser que fue de color blanco.
Ninguno de sus compañeros de calle, sabían lo que Joan era antes de llegar a su situación, ya que éste no era una persona que contara su vida a los demás. No es que no fuera sociable, si no , que parece ser que no quería recordar el por qué de cómo había llegado a esa situación.
Joan, tenía todo lo que quería y necesitaba. Un techo, el calor de unos cartones en el suelo y un viejo saco de dormir lleno de agujeros. Se mantenía ajeno a toda noticia del mundo. Ni leía los periódicos, ni escuchaba la radio, ni veía la televisión.
Él era feliz con lo que tenía y pensaba que no le hacía falta nada más.
Estaba enfadado con la sociedad que estaba montada a su alrededor, pues ésta, era uno de los motivos que lo llevaron a la calle.
Los alimentos los obtenía revolviendo un contenedor de basura que había a la salida de una pequeña tienda de ultramarinos. El menú eran bastante variado, habían verduras, latas de conservas, pescado y bandejas de carne. La mayoría de los productos estaban caducados, pero algunos de ellos solo tenían el envoltorio defectuoso, con lo cual ese día había un motivo más para estar contento.
Desde su anterior vida, Joan escribía lo que pensaba en pequeños papeles que iba guardando dentro del deteriorado saco de dormir. Tubo que deshacerse de muchos de ellos, que nunca volvió a recordar, porque llegó un momento que la parte del saco donde ponía los pies, estaba llena de estos pequeños papales con frases sueltas.
Un día se levantó por la mañana para hacer su desayuno diario de magdalenas caducadas y con suerte un cartón de zumo. Se encontró con uno de los chicos que se encargaban de tirar la basura.
- Buenos días Joan!, ¿cómo te has levantado hoy?
- Buenos,días chico!, pues bien, pero parece que la espalda quiere hacerse notar...una noche horrible, tendré que cambiarme el colchón. -los dos rieron-
- Hoy no tengo muchas cosas que tirar Joan, cada vez se vende menos, pero te puedo traer algo de dentro, a sí te tomarás mejor la noticia que tengo que darte. -El chico entró en la tienda y salió con un paquete de dos magdalenas y un zumo de naranja-
- ¿A qué te refieres con eso de darme una noticia?, ¿es que vais a cobrarme la comida caducada?
En otra ocasión, el chico se hubiera reído, pero en esta, solo sonrió apretando los labios, ya que la noticia que tenía que darle no tenía nada de gracia.
- No Joan...no es eso. Lo que pasa es que el jefe va a cerrar la tienda, las cosas no le han ido bien y ya no podrás comer más aquí.
Joan vivía en el límite inferior de una sociedad consumista, y aun así, se sentía feliz, por eso vivía tranquilo, porque pensaba que las cosas no podían empeorar. Ese día, se dio cuenta de que las cosas siempre pueden ir a peor.
Se dio la vuelta y se fue sin despedirse del chico con el zumo en una mano y lo que quedaba de las magdalenas en la otra.
Pasados unos días, Joan había dado todo por perdido, nunca había estado tan dejado. Había perdido mucho peso y enfermaba con más facilidad que antes.
Un día se levantó y empezó a recordar su vida anterior como si fuera una película.
Antes podía lavarse cada día y comía caliente. Tenía coche para desplazarse al trabajo, y para ir de vacaciones una vez al año, tenía una mujer que lo esperaba en una casa caliente con calefacción. Recordaba que tenía dinero, incluso para pagar las facturas que llegaban con demasiada frecuencia.
¿Cuánto tiempo hacía que no pagaba una factura?, ¿cómo había llegado a esta situación?, ¿por qué le había tocado a él, si no le había hecho nunca daño a nadie?
En ese momento se dio cuenta de la realidad que vivía. Tres años de su vida viviendo en la calle y lo único que tenía, era ese contenedor lleno de comida caducada que ahora estaba lleno de los despojos de los vecinos de alrededor.
Se dio cuenta de que no se había parado a buscar nuevas motivaciones que le dieran fuerza para luchar y salir adelante, para conseguir una vida más digna. Estaba acomodado en su pequeña parcela, de la planta baja de la carretera.
- Un simple contenedor de basura a hecho que me mantenga ciego de mi situación durante tres años en la calle- se dijo a sí mismo y se rio a carcajadas, con una risa amarga-
Aun así, Joan notaba que no era un infeliz, sino, un olvidado de la sociedad.
Un día Joan se levantó muy enfermo y comenzó a andar sin rumbo. La gente lo miraba con desprecio por su apariencia.
Esa sociedad de la que él renegaba siempre, ahora con más sentido le demostraba que nunca estubo equivocado.
Nadie se paró a preguntarle por qué se encontraba en esas condiciones tan precarias, nadie se interesó momentáneamente por su salud. Quizás si alguien se interesara y le preguntara, le podría explicar por qué había llegado a ese punto...quizás la clave era justificarse para que alguien le comprendiera.
- No soy lo que veis por fuera, yo también fui como vosotros un día -se decía a sí mismo-
Llegó hasta las Ramblas y en uno de los portales cayo desfallecido por el frío y el hambre. Allí se quedó medio inconsciente un rato hasta que volvió a despertarse.
Miles de personas pasaban por su lado mirando escaparates, otros entraban y salían de las tiendas cargados de bolsas. Se reían con sus acompañantes, parecían felices. Otros pasaban solos con caras serias a paso ligero.
Los carteristas hablaban en corros controlando su próxima víctima extranjera.
Nadie miraba a Joan, pero todos lo vieron.
A Joan se le nublaba la vista porque quería mirarlo todo a la vez y eso le provocaba mareo. Cerraba fuertemente los ojos y los volvía a abrir para continuar observando a la inquieta muchedumbre.
Su cabeza se tambaleaba por el peso de la misma. Su cuello ya no la soportaba.
Todas las voces que escuchaba, se metían en su cabeza en una sola voz que no decía nada, como si alguien le gritase a un centímetro de su oído.
Notó que estaba más solo que nunca.
- Curiosa ironía, rodeado de miles de personas y me siento solo- se decía a sí mismo-
Palpó un cartón sobre el que estaba sentado, que por lo que parecía, antes había sido una caja de zapatos. Se sacó del bolsillo lo que le quedaba del lápiz con el que apuntaba sus pensamientos en los restos de papel que dejó en el saco de dormir, y se propuso hacer lo que nunca hubiera creído que haría, mendigar.
Ya no tenía fuerzas, pero sabía que tenía que ser creativo, para llamar la atención de alguna forma. Tenía que poner un mensaje que impactara, para que esa muchedumbre lo viera, ya que hasta el momento era invisible.
Apuntó solo una frase en el cartón, "Soy feliz, pero tengo hambre", el lápiz se calló al suelo y Joan se desvaneció.
Un rato después, noto que algo le estaba moviendo, pero no tenía ni ganas, ni fuerzas. Lo que fuera no cesaba de moverlo, con lo que ésto le obligó a abrir los ojos.
Un chico de mediana edad, le dijo:
- !!!Oiga!!! ¿se encuentra bien?, tiene que recoger todo este dinero que tiene aquí, o se lo van a robar...y le doy un consejo, si no lo recoge, tampoco de echarán más...hay mucho.
Joan sacó fuerzas de donde no tenía para intentar ver, escuchar y entender lo que la voz le estaba diciendo.
- ¿Qué dices chico?- respondió Joan un tanto molesto-.
- Que recoja usted el dinero que tiene aquí, porque se lo van a robar. Bastantes problemas tiene para que encima le peguen una paliza.
Joan miró el suelo donde estaba sentado y estaba todo lleno de monedas, incluso le habían caído dentro del roído bolsillo de la chaqueta.
- A puesto usted un mensaje genial...es prácticamente imposible no ayudarle. ¿Cómo puede usted decir que es feliz en la situación en la que se encuentra?, nadie puede ser feliz en esas condiciones. La gente se lo ha creído - el chico estaba impresionado con el mensaje de Joan -
Joan también estaba impresionado, se había vuelto visible.
- Deben creerlo - dijo Joan secamente-
- ¿Me está diciendo que es usted feliz tirado en la calle, sucio, sin dinero y solo?
- Soy feliz porque me propongo serlo y por norma general lo consigo. De hecho, hace unos días era aún más feliz que hoy. Solo me falta comida.
- Ande, levante y vaya a lavarse un poco, con ese dinero tiene por lo menos para tres o cuatro días.
El chico ayudó a Joan a recoger el dinero y a ponerse en pie. Después desapareció.
Joan pensó que quizás el chico fuera irreal, quizás fuera un ángel de la guarda. Hizo recuento del dinero, y efectivamente tuvo suerte de que no se lo robaran como le dijo el chico o la aparición, ya que había más de doscientos euros.
Se acercó como pudo a una pensión que conocía en la que le obligaron a pagar la habitación por adelantado, ya que no se fiaron de él por el aspecto que tenía.
Cuando entró en la habitación, vio justo enfrente de él, un sucio espejo que colgaba de una pared en la que se veían los ladrillos. Joan tenía el estómago muy vacío, pero el instinto de supervivencia le hacía mantenerse de pie para satisfacer una curiosidad. Quería verse de cerca. Hacía mucho tiempo que no se miraba en un espejo.
Se acercó para ver mejor lo que de lejos parecía un despojo humano. Se quedó mirándose a sí mismo durante un largo rato. Puso su sucia mano en el espejo, para ver si era realidad o un mal sueño lo que estaba viendo. Su cara rota por el frío, morena en exceso y curtida, sus negros ojos parecían no tener vida y lo que antes era un pelo brillante, se había convertido en un estropajo blanco que se juntaba con la espesa y sucia barba.
En una fracción de tiempo muy pequeña, el espejo pareció limpiarse solo y Joan se vio como era antes de vivir en la calle.
Joan era un tipo presumido, que miraba mucho por su físico. Ya tenía cierta edad pero siempre tenía tiempo para ir una vez al mes al peluquero de toda la vida. Nunca se compró ropa cara, pero le gustaba ir conjuntado y con cierta clase. Se afeitaba cada dos días y hacía pequeñas inversiones en colonias caras. Le gustaba oler bien. Tenía manos de pianista, unos dedos largos y finos a los que nunca les sacó el partido que hubiese querido.
De repente el espejo volvió a reflejarle la realidad, y su cara y su pelo volvieron a demacrarse.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, bajó corriendo a la calle para buscar una tienda abierta en la que vendieran lo que tenía en mente. Después de dar varias vueltas, encontró una tienda en la que vendían todo tipo de cosas. Compró un bote de espuma de afeitar, unas maquinillas, jabón y algo de ropa deportiva que ponerse. Quería racionar el dinero, pero necesitaba esas cuatro cosas.
Volvió a la sucia habitación y limpió el espejo hasta que lo pudo dejar en mejores condiciones de las que estaba.
Esto hizo que aún se vieran mejor las evidencias de tres años viviendo en la calle.
Pero esta vez no le importó, incluso se permitió crear una sonrisa, porque ya tenía algo nuevo. Su mente volvía a trabajar. El objetivo sería a partir de ahora, mejorar su estado actual por otro más digno y nunca más volver a acomodarse.
Se aseó como pudo y se puso la ropa nueva que compró en la tienda. Volvió a mirarse en el mismo espejo y vio a un hombre nuevo, vio a un hombre limpio con nuevas motivaciones en la vida.
Esa noche no pudo dormir, su cabeza no paraba de pensar en lo que le había acurrido. Ese cambio tan radical en las personas, de ser invisible a ser visible para ellos, con el simple hecho de escribir cinco palabras en un cartón, y después esa potente motivación al verse en un espejo.
Se prometió dos cosas, la primera, que cada vez que tuviera dudas sobre él, se pondría delante de un espejo para reflexionar sobre ese momento y darse cuenta de la situación en la que se encontraba. Y la segunda, tener la mente continuamente trabajando y creando cosas nuevas.
Pero, ¿qué podría hacer para salir del agujero en el que se encontraba?.
Joan nunca se consideró un genio, tampoco podía enseñar nada... o sí...
Se acordó de las frases que escribía y que tenía dentro del saco de dormir. Esas frases eran únicas, solo suyas, habían salido a causa de su creatividad y no se había dado cuenta hasta ese momento.
Joan buscó las frases que estaban donde siempre, dentro del saco de dormir, debajo de la carretera.
Las paso a papel limpio con una caligrafía especial que llamara la atención de la gente, y puso una parada en las Ramblas que se llamaba, "Comparto mis Pensamientos con usted".
La parada llamaba mucho la atención de la gente, ya que no es habitual que alguien comparta en la calle los pensamientos con los demás. Joan hacía pensamientos suyos y también los personalizaba a la gente que le pedían uno exclusivo.
Joan cumplió su objetivo a base de duro trabajo diario, y se montó una vida más digna que era lo que se propuso. Encontró un nuevo sentido de la felicidad diferente al que él creía.
Joan Llopart murió a los pocos años, ya que esos tres años en la calle castigaron su cuerpo en demasía. Pero murió de una forma digna. Volvió a recuperar su vida, dándole un valor diferente a todo lo que le rodeaba. Cualquier cosa pequeña, tenía un significado y una utilidad en la vida.
Al final consiguió compartir sus pensamientos con el resto del mundo.
Tenía unos sesenta años y su apariencia era la de un vagabundo. Tenía el pelo canoso y desgreñado y se le juntaba con una barba en las mismas condiciones. Sus dientes estaban descuidados por la falta del aseo y de un lugar para conseguir hacer esta tarea.
Su ropa estaba llena de agujeros y manchas al igual que su calzado. Por debajo de la chaqueta, se podía observar una camiseta que en su día parece ser que fue de color blanco.
Ninguno de sus compañeros de calle, sabían lo que Joan era antes de llegar a su situación, ya que éste no era una persona que contara su vida a los demás. No es que no fuera sociable, si no , que parece ser que no quería recordar el por qué de cómo había llegado a esa situación.
Joan, tenía todo lo que quería y necesitaba. Un techo, el calor de unos cartones en el suelo y un viejo saco de dormir lleno de agujeros. Se mantenía ajeno a toda noticia del mundo. Ni leía los periódicos, ni escuchaba la radio, ni veía la televisión.
Él era feliz con lo que tenía y pensaba que no le hacía falta nada más.
Estaba enfadado con la sociedad que estaba montada a su alrededor, pues ésta, era uno de los motivos que lo llevaron a la calle.
Los alimentos los obtenía revolviendo un contenedor de basura que había a la salida de una pequeña tienda de ultramarinos. El menú eran bastante variado, habían verduras, latas de conservas, pescado y bandejas de carne. La mayoría de los productos estaban caducados, pero algunos de ellos solo tenían el envoltorio defectuoso, con lo cual ese día había un motivo más para estar contento.
Desde su anterior vida, Joan escribía lo que pensaba en pequeños papeles que iba guardando dentro del deteriorado saco de dormir. Tubo que deshacerse de muchos de ellos, que nunca volvió a recordar, porque llegó un momento que la parte del saco donde ponía los pies, estaba llena de estos pequeños papales con frases sueltas.
Un día se levantó por la mañana para hacer su desayuno diario de magdalenas caducadas y con suerte un cartón de zumo. Se encontró con uno de los chicos que se encargaban de tirar la basura.
- Buenos días Joan!, ¿cómo te has levantado hoy?
- Buenos,días chico!, pues bien, pero parece que la espalda quiere hacerse notar...una noche horrible, tendré que cambiarme el colchón. -los dos rieron-
- Hoy no tengo muchas cosas que tirar Joan, cada vez se vende menos, pero te puedo traer algo de dentro, a sí te tomarás mejor la noticia que tengo que darte. -El chico entró en la tienda y salió con un paquete de dos magdalenas y un zumo de naranja-
- ¿A qué te refieres con eso de darme una noticia?, ¿es que vais a cobrarme la comida caducada?
En otra ocasión, el chico se hubiera reído, pero en esta, solo sonrió apretando los labios, ya que la noticia que tenía que darle no tenía nada de gracia.
- No Joan...no es eso. Lo que pasa es que el jefe va a cerrar la tienda, las cosas no le han ido bien y ya no podrás comer más aquí.
Joan vivía en el límite inferior de una sociedad consumista, y aun así, se sentía feliz, por eso vivía tranquilo, porque pensaba que las cosas no podían empeorar. Ese día, se dio cuenta de que las cosas siempre pueden ir a peor.
Se dio la vuelta y se fue sin despedirse del chico con el zumo en una mano y lo que quedaba de las magdalenas en la otra.
Pasados unos días, Joan había dado todo por perdido, nunca había estado tan dejado. Había perdido mucho peso y enfermaba con más facilidad que antes.
Un día se levantó y empezó a recordar su vida anterior como si fuera una película.
Antes podía lavarse cada día y comía caliente. Tenía coche para desplazarse al trabajo, y para ir de vacaciones una vez al año, tenía una mujer que lo esperaba en una casa caliente con calefacción. Recordaba que tenía dinero, incluso para pagar las facturas que llegaban con demasiada frecuencia.
¿Cuánto tiempo hacía que no pagaba una factura?, ¿cómo había llegado a esta situación?, ¿por qué le había tocado a él, si no le había hecho nunca daño a nadie?
En ese momento se dio cuenta de la realidad que vivía. Tres años de su vida viviendo en la calle y lo único que tenía, era ese contenedor lleno de comida caducada que ahora estaba lleno de los despojos de los vecinos de alrededor.
Se dio cuenta de que no se había parado a buscar nuevas motivaciones que le dieran fuerza para luchar y salir adelante, para conseguir una vida más digna. Estaba acomodado en su pequeña parcela, de la planta baja de la carretera.
- Un simple contenedor de basura a hecho que me mantenga ciego de mi situación durante tres años en la calle- se dijo a sí mismo y se rio a carcajadas, con una risa amarga-
Aun así, Joan notaba que no era un infeliz, sino, un olvidado de la sociedad.
Un día Joan se levantó muy enfermo y comenzó a andar sin rumbo. La gente lo miraba con desprecio por su apariencia.
Esa sociedad de la que él renegaba siempre, ahora con más sentido le demostraba que nunca estubo equivocado.
Nadie se paró a preguntarle por qué se encontraba en esas condiciones tan precarias, nadie se interesó momentáneamente por su salud. Quizás si alguien se interesara y le preguntara, le podría explicar por qué había llegado a ese punto...quizás la clave era justificarse para que alguien le comprendiera.
- No soy lo que veis por fuera, yo también fui como vosotros un día -se decía a sí mismo-
Llegó hasta las Ramblas y en uno de los portales cayo desfallecido por el frío y el hambre. Allí se quedó medio inconsciente un rato hasta que volvió a despertarse.
Miles de personas pasaban por su lado mirando escaparates, otros entraban y salían de las tiendas cargados de bolsas. Se reían con sus acompañantes, parecían felices. Otros pasaban solos con caras serias a paso ligero.
Los carteristas hablaban en corros controlando su próxima víctima extranjera.
Nadie miraba a Joan, pero todos lo vieron.
A Joan se le nublaba la vista porque quería mirarlo todo a la vez y eso le provocaba mareo. Cerraba fuertemente los ojos y los volvía a abrir para continuar observando a la inquieta muchedumbre.
Su cabeza se tambaleaba por el peso de la misma. Su cuello ya no la soportaba.
Todas las voces que escuchaba, se metían en su cabeza en una sola voz que no decía nada, como si alguien le gritase a un centímetro de su oído.
Notó que estaba más solo que nunca.
- Curiosa ironía, rodeado de miles de personas y me siento solo- se decía a sí mismo-
Palpó un cartón sobre el que estaba sentado, que por lo que parecía, antes había sido una caja de zapatos. Se sacó del bolsillo lo que le quedaba del lápiz con el que apuntaba sus pensamientos en los restos de papel que dejó en el saco de dormir, y se propuso hacer lo que nunca hubiera creído que haría, mendigar.
Ya no tenía fuerzas, pero sabía que tenía que ser creativo, para llamar la atención de alguna forma. Tenía que poner un mensaje que impactara, para que esa muchedumbre lo viera, ya que hasta el momento era invisible.
Apuntó solo una frase en el cartón, "Soy feliz, pero tengo hambre", el lápiz se calló al suelo y Joan se desvaneció.
Un rato después, noto que algo le estaba moviendo, pero no tenía ni ganas, ni fuerzas. Lo que fuera no cesaba de moverlo, con lo que ésto le obligó a abrir los ojos.
Un chico de mediana edad, le dijo:
- !!!Oiga!!! ¿se encuentra bien?, tiene que recoger todo este dinero que tiene aquí, o se lo van a robar...y le doy un consejo, si no lo recoge, tampoco de echarán más...hay mucho.
Joan sacó fuerzas de donde no tenía para intentar ver, escuchar y entender lo que la voz le estaba diciendo.
- ¿Qué dices chico?- respondió Joan un tanto molesto-.
- Que recoja usted el dinero que tiene aquí, porque se lo van a robar. Bastantes problemas tiene para que encima le peguen una paliza.
Joan miró el suelo donde estaba sentado y estaba todo lleno de monedas, incluso le habían caído dentro del roído bolsillo de la chaqueta.
- A puesto usted un mensaje genial...es prácticamente imposible no ayudarle. ¿Cómo puede usted decir que es feliz en la situación en la que se encuentra?, nadie puede ser feliz en esas condiciones. La gente se lo ha creído - el chico estaba impresionado con el mensaje de Joan -
Joan también estaba impresionado, se había vuelto visible.
- Deben creerlo - dijo Joan secamente-
- ¿Me está diciendo que es usted feliz tirado en la calle, sucio, sin dinero y solo?
- Soy feliz porque me propongo serlo y por norma general lo consigo. De hecho, hace unos días era aún más feliz que hoy. Solo me falta comida.
- Ande, levante y vaya a lavarse un poco, con ese dinero tiene por lo menos para tres o cuatro días.
El chico ayudó a Joan a recoger el dinero y a ponerse en pie. Después desapareció.
Joan pensó que quizás el chico fuera irreal, quizás fuera un ángel de la guarda. Hizo recuento del dinero, y efectivamente tuvo suerte de que no se lo robaran como le dijo el chico o la aparición, ya que había más de doscientos euros.
Se acercó como pudo a una pensión que conocía en la que le obligaron a pagar la habitación por adelantado, ya que no se fiaron de él por el aspecto que tenía.
Cuando entró en la habitación, vio justo enfrente de él, un sucio espejo que colgaba de una pared en la que se veían los ladrillos. Joan tenía el estómago muy vacío, pero el instinto de supervivencia le hacía mantenerse de pie para satisfacer una curiosidad. Quería verse de cerca. Hacía mucho tiempo que no se miraba en un espejo.
Se acercó para ver mejor lo que de lejos parecía un despojo humano. Se quedó mirándose a sí mismo durante un largo rato. Puso su sucia mano en el espejo, para ver si era realidad o un mal sueño lo que estaba viendo. Su cara rota por el frío, morena en exceso y curtida, sus negros ojos parecían no tener vida y lo que antes era un pelo brillante, se había convertido en un estropajo blanco que se juntaba con la espesa y sucia barba.
En una fracción de tiempo muy pequeña, el espejo pareció limpiarse solo y Joan se vio como era antes de vivir en la calle.
Joan era un tipo presumido, que miraba mucho por su físico. Ya tenía cierta edad pero siempre tenía tiempo para ir una vez al mes al peluquero de toda la vida. Nunca se compró ropa cara, pero le gustaba ir conjuntado y con cierta clase. Se afeitaba cada dos días y hacía pequeñas inversiones en colonias caras. Le gustaba oler bien. Tenía manos de pianista, unos dedos largos y finos a los que nunca les sacó el partido que hubiese querido.
De repente el espejo volvió a reflejarle la realidad, y su cara y su pelo volvieron a demacrarse.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, bajó corriendo a la calle para buscar una tienda abierta en la que vendieran lo que tenía en mente. Después de dar varias vueltas, encontró una tienda en la que vendían todo tipo de cosas. Compró un bote de espuma de afeitar, unas maquinillas, jabón y algo de ropa deportiva que ponerse. Quería racionar el dinero, pero necesitaba esas cuatro cosas.
Volvió a la sucia habitación y limpió el espejo hasta que lo pudo dejar en mejores condiciones de las que estaba.
Esto hizo que aún se vieran mejor las evidencias de tres años viviendo en la calle.
Pero esta vez no le importó, incluso se permitió crear una sonrisa, porque ya tenía algo nuevo. Su mente volvía a trabajar. El objetivo sería a partir de ahora, mejorar su estado actual por otro más digno y nunca más volver a acomodarse.
Se aseó como pudo y se puso la ropa nueva que compró en la tienda. Volvió a mirarse en el mismo espejo y vio a un hombre nuevo, vio a un hombre limpio con nuevas motivaciones en la vida.
Esa noche no pudo dormir, su cabeza no paraba de pensar en lo que le había acurrido. Ese cambio tan radical en las personas, de ser invisible a ser visible para ellos, con el simple hecho de escribir cinco palabras en un cartón, y después esa potente motivación al verse en un espejo.
Se prometió dos cosas, la primera, que cada vez que tuviera dudas sobre él, se pondría delante de un espejo para reflexionar sobre ese momento y darse cuenta de la situación en la que se encontraba. Y la segunda, tener la mente continuamente trabajando y creando cosas nuevas.
Pero, ¿qué podría hacer para salir del agujero en el que se encontraba?.
Joan nunca se consideró un genio, tampoco podía enseñar nada... o sí...
Se acordó de las frases que escribía y que tenía dentro del saco de dormir. Esas frases eran únicas, solo suyas, habían salido a causa de su creatividad y no se había dado cuenta hasta ese momento.
Joan buscó las frases que estaban donde siempre, dentro del saco de dormir, debajo de la carretera.
Las paso a papel limpio con una caligrafía especial que llamara la atención de la gente, y puso una parada en las Ramblas que se llamaba, "Comparto mis Pensamientos con usted".
La parada llamaba mucho la atención de la gente, ya que no es habitual que alguien comparta en la calle los pensamientos con los demás. Joan hacía pensamientos suyos y también los personalizaba a la gente que le pedían uno exclusivo.
Joan cumplió su objetivo a base de duro trabajo diario, y se montó una vida más digna que era lo que se propuso. Encontró un nuevo sentido de la felicidad diferente al que él creía.
Joan Llopart murió a los pocos años, ya que esos tres años en la calle castigaron su cuerpo en demasía. Pero murió de una forma digna. Volvió a recuperar su vida, dándole un valor diferente a todo lo que le rodeaba. Cualquier cosa pequeña, tenía un significado y una utilidad en la vida.
Al final consiguió compartir sus pensamientos con el resto del mundo.
martes, 15 de noviembre de 2011
Recuerdos de G.E.
Estas fotos y el video, me traen un montón de recuerdos de cuando trabajaba en General Electrics en el mundo de las turbinas de gas.
Buena empresa, pero sin escrúpulos, como casi todas las megaempresas.
Se marcharon a Arabia Saudí sin más, sin problemas de cantidad de trabajo, ni problemas económicos...
Mis tareas eran las de técnico de Calidad en taller y la de técnico de campo viajando por el mundo, yendo a centrales térmicas, refinerías de petroleo y centrales hidroeléctricas. Me dedicaba a realizar una modificación en el rotor de la turbina para alargar la vida de esta. Toda una experiencia de la que no me arrepiento aunque se marcharan y nos dejaran tirados.
Será complicado volver a trabajar en un lugar donde la tecnología era equiparble a la de la NASA. Faltan fotos de unos cuantos viajes más que no sé dónde las perdí...
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Buena empresa, pero sin escrúpulos, como casi todas las megaempresas.
Se marcharon a Arabia Saudí sin más, sin problemas de cantidad de trabajo, ni problemas económicos...
Mis tareas eran las de técnico de Calidad en taller y la de técnico de campo viajando por el mundo, yendo a centrales térmicas, refinerías de petroleo y centrales hidroeléctricas. Me dedicaba a realizar una modificación en el rotor de la turbina para alargar la vida de esta. Toda una experiencia de la que no me arrepiento aunque se marcharan y nos dejaran tirados.
Será complicado volver a trabajar en un lugar donde la tecnología era equiparble a la de la NASA. Faltan fotos de unos cuantos viajes más que no sé dónde las perdí...
| Mi compañero currando en la piscina |
| Trabajo en Ostiglia, (Italia), ¡¡¡Qué frío pase!!! me puse enfermo. |
| Trabajo en Bilbao con dos colegas |
| Trabajo en Milán en exposición de vacas de colores |
| Trabajo en Milán |
| Antes de salir para Santiago de Chile |
| El hotel de Quillota, (Chile) |
| Sufriendo en una terraza en Quillota |
| Habitación para mi solo |
| Trabajo en Santiago de Chile |
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lunes, 14 de noviembre de 2011
Conferencia de Coaching impartida por Leonardo Ravier
Si alguien tiene el tiempo de una película para saber lo que es el Coaching, que no se pierda esta conferencia impartida por mi profesor Leonardo Ravier, unos de los mejores coaches de este momento.
http://www.intecca.uned.es/portalavip/emision_dif.php?id=23d2f945fb46b9e87fb39ffc450cdbae
http://www.intecca.uned.es/portalavip/emision_dif.php?id=23d2f945fb46b9e87fb39ffc450cdbae
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